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martes, 18 de noviembre de 2014

Buscando financiación para tu startup: las competiciones para emprendedores

En el periplo emprendedor es habitual acercarse a aquello que huela a dinero y, como no podía ser de otra manera, pues los concursos no suenan nada mal. O eso parece a primera vista.

Todos los emprendedores buscan financiación para su startup hasta debajo de las piedras. Es un mal endémico. Nos pasa a todos, hables con quien hables. Y el comentario que se ha convertido en habitual es: no hay un duro. Este anacronismo nos persigue más de una década después de que nuestra real moneda pasase a mejor vida.

Hago esa entrada en estas fechas, justo antes de que se hagan públicos los premiados en tres concursos a los que he presentado mi proyecto. Me parece que es la manera de ser más objetiva, desde luego, siempre dentro de la subjetividad que me da estar dentro del sarao, por supuesto.

Los concursos y competiciones son una de las opciones a las que se suele recurrir porque:
1, Es gratis participar.
2, El primer pensamiento es: "Total, no tengo nada que perder"
3, El segundo pensamiento es "Me llevará algo de tiempo, pero tampoco mucho".
4, Conoceré a gente interesante.
5, Me enteraré de cómo está el tema para los emprendedores

En la mente de la persona que comienza su propia empresa, el término GRATIS es muy atractivo, al igual que unas posibilidades, aunque remotas, de conseguir algo. Eso hace que se infravaloren las cuestiones negativas del presentarse a una competición:
  • Te puede desviar del foco en el que tienes que emplear tu tiempo. Porque, de verdad, te va a llevar más tiempo del que piensas.
  • Tu tiempo también es dinero.
  • El coste de oportunidad. Mientras estás haciendo eso, no estás haciendo otra cosa. Incluso algo muy beneficioso para tí, como puede ser descansar de vez en cuando.
  • Oirás lo mismo millones de veces, tantas como a concursos que te presentes. Porque todo el mundo quiere ayudarte, es verdad, pero todos utilizan la misma fórmula.
Pero, y como he comenzado diciendo que ya me he presentado a más de tres, pues también puedo decir que:
  • Realmente vas a conocer a gente nueva e interesante. En mi caso, he conocido a mi CTO durante una competición. Casi nada.
  • Me ha obligado a redactar un plan de negocio. Y con infinitas revisiones y pivotaciones del modelo. La visión de otras personas ha sido de una ayuda inestimable para intentar minimizar errores que me pasaban desapercibidos por estar "tan metida en el ajo".
  • No he perdido mi foco.
Así que, independientemente de cómo salga todo, de verdad estoy convencida de que he hecho bien en presentarme a estas competiciones.



Como siempre, pásalo bien.
María Gutiérrez

Puedes ver más artículos en mi vídeo blog: http://muymivlog.blogspot.com.es/

miércoles, 9 de julio de 2014

GAMIFICACIÓN ¿Realmente eso sirve para algo?

Hace unos días una amiga me contaba que eso de "la gamificación" estaba de moda en los Departamentos de Recursos Humanos de las empresas. Llámalo gamification, gamificación o ludificación, el caso es que está entrando fuerte. ¿es algo nuevo o es más viejo que los caminos?

Tengas hijos o no, sabes que a los bebés se les entretiene en la comida haciendo el avión con la cuchara, cuando son niños de 4 años se comen encantados los trozos de merluza con forma de estrella, avión o delfín. Los paquetes de galletas están llenos de personajes de la tele e incluso los cereales para mejorar la digestión proponen en sus envoltorios recetas para pasarlo mejor. Todos conocemos esa tienda de muebles en la que puedes probar y explorar antes de decidir la compra y una tarjeta de crédito dorada provoca la admiración de los invitados a la cena. Las compañías aéreas dan puntos y reconocimientos a los viajeros habituales y Linkedin te pone el título de "eminencia" cuando tienes una red de contactos amplia.

"esa tienda de muebles en la que puedes probar y explorar antes de decidir la compra"

Con estos ejemplos quiero mostrar que el ser humano juega desde bebé, y sigue jugando a lo largo de toda su vida, por mucho que "la sociedad" se empeñe en decirnos que los adultos tenemos que ser serios y analíticos. El juego está dentro de nosotros y cada uno de nosotros lleva dentro un jugador nato, ya sea en forma de explorador o coleccionista, para conseguir interacción social o si su objetivo último sea derrotar a todos sus adversarios.

Mi opinión es que la gamificación ha llegado para quedarse, suponiendo una estrategia más dentro de las organizaciones para avanzar hacia los objetivos. Entre los usos más significativos está el del marketing (ya he hablado de algunos ejemplos al inicio), pero me gusta el potencial que se puede desarrollar en el campo de la salud y de los recursos humanos en las organizaciones.

Uno de los principales problemas en la instauración de conductas prosalud es la motivación de la persona. Está claro que nadie quiere estar enfermo pero también es verdad que, mientras no se tiene enfermedad alguna, se hace cuesta arriba el comer cinco verduras y frutas al día, salir a caminar, correr durante una hora o no fumar. Aquí la gamificación puede ayudar, y mucho. Al fin y al cabo se trata de potenciar la motivación intrínseca hacia la actividad que resulta aburrida en esos momentos. Este tipo de motivación es la que tenemos cuando hacemos algo que nos gusta de verdad, aunque la gente de nuestro alrededor diga el famoso "eso no lo hago ni aunque me paguen". Suelen ser actividades duras, que requieren esfuerzo y atención, que generan un "estado de flujo" que nos llena de bienestar. Para algunos supone hacer tallas de madera, para otros hacer mantas de lana a mano, o correr una maratón, o sacarse la segunda carrera universitaria. El hecho es que, aunque parezca mentira, se pueden convertir actividades que suelen ser aburridas o aversivas para mucha gente en otras que tienen cierto atractivo. Y eso se consigue introduciendo elementos y mecánicas de juego en las actividades.

Como en muchas cosas, no estoy diciendo que sea algo fácil, ni siquiera que funcione en todos los casos. Pero es una parte más de una posible solución a temas complejos, como es el caso de los recursos humanos en las organizaciones, donde a veces la motivación brilla por su ausencia.

Seguiré hablando de este tema, tan complejo y a la vez apasionante.
María Gutiérrez Menéndez


lunes, 31 de marzo de 2014

¿Tienes lo que te mereces?

La semana pasada un amigo me contaba lo bien en la vida: tenía una familia sin problemas, dinero suficiente para muchos lujos y trabajaba en algo que disfruta a cada momento. Está claro que es de agradecer el ver cómo a alguien cercano lo pasa tan bien, pero lo que más me llamó la atención fue su argumento de por qué le pasaba todo eso: "la gente tiene lo que negocia, no lo que merece". Implícitamente, estaba diciendo que él no esperaba a verse merecedor de las cosas para ir a por ellas, sino que negociaba día a día para conseguirlo y mantenerlo.
Y ahora tú, ¿tienes lo que mereces? Puede que también te hayas creído que hay que estudiar mucho, esperar, no "dar la lata", dar los pasos necesarios, no precipitarse, ir por el caminito y, al final, conseguirás tu reconocimiento. Ahora evalúa, ¿cuántos años tienes?¿realmente has conseguido lo que se supone que mereces?
Si la respuesta es negativa, pues cambia de estrategia y comienza a negociar. ¿por dónde comenzar?.Lo primero que tendrás que tener claro son tus objetivos ¿ya los tienes? Después, cultiva tu asertividad, es decir, saber mantenerte firme en tus convicciones pero sin ofender a los demás.
El objetivo de la asertividad es conseguir una situación en la que todas las partes ganan. Eso, claro está, no es algo fácil, por ello tiene que ser algo aprendido y consciente, que tendrás que poner en práctica todos los días hasta que te salga solo.
Para ello, tendrás que hacer lo siguiente:
  • Escuchar realmente a la persona a la que tienes delante. Esfuérzate por escuchar cada una de las palabras sin interrumpir.
  • No muestres emociones descontroladamente. Mientras escuchas, tienes tiempo para madurar tus pensamientos y ordenar tus argumentos. Tu cuerpo debe mostrar también ese control emocional. Vigila tus posturas, resoplidos, a dónde miras, etc.
  • No te tomes las cosas personalmente. Separa a la persona del problema, eso te dará perspectiva.
  • Mantén el contacto visual. La otra persona debe saber que tiene toda tu atención.
  • Habla con voz controlada, expresando tranquilamente tu opinión y aportando a la conversación en vez de menoscabándola con mensajes destructivos.
Mejorar tu asertividad es una inversión a largo plazo. Cada vez serás capaz de negociar mejor y así optar no sólo a lo que te mereces. Invierte en tu capital social.